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02 octubre 2007

MEMORY ALMOST FULL (Paul McCartney, Hear Music 2007)


Ni los más optimistas lo hubiesen esperado a estas alturas. Ya el Chaos and Creation in the Backyard (2005) resultó una verdadera sorpresa para críticos y fans. Y no porque, como la prensa abiertamente ignara o de poca credibilidad quisiera hacernos creer, sus últimos álbumes delataran la sombría mediocridad de una leyenda viva que se obliga a editar discos impulsado por las leyes del mercado o de la supervivencia en las listas de éxitos. No. En este blog sostenemos todo lo contrario. Después del innegable bajón creativo que tuvo luego del Tug of War (1982), a partir del Flowers in the Dirt (1989) hay una recuperación notable en la carrera solista de Macca, lo cual se expresó en discos sólidos como Off the Ground (1993) y Flaming Pie (1997), renovó aires con el frenético disco de covers de rocanrol Run Devil Run (1999) -con tres potentes canciones de su autoría, un verdadero "disco de culto"-, y revitalizó su sonido con el por momentos avezado y experimental Driving Rain (2001), que contó con la producción de David Kahne. Cuando apareció Chaos and Creation in the Backyard (2005) fue tanta la publicidad que se hizo en torno a las calidades de la producción de Nigel Godrich, que algunos, si bien recibimos con entusiasmo el preciosismo sin igual de ese disco, nos apresuramos a poner los puntos sobre las íes sobre su lugar en la carrera de Macca (Ver mi reseña en este blog, de octubre 2005, en la que por ejemplo anoto: "tan injusto como minimizar su etapa solista es poner en un pedestal a la última obra de Macca. A quienes recién se animen a escuchar un disco de McCartney y les guste, sería bueno que rebusquen en el resto de su discografía, de seguro encontrarán álbumes tan interesantes y logrados como este último").




Pero intentaré explicar por qué digo que ni los más optimistas hubiésemos esperado un álbum como Memory Almost Full. Obviamente no porque los últimos álbumes no nos demostraran la vitalidad y vigencia de Macca como músico. Tampoco porque no estuviera producido por Nigel Godrich (últimamente creo que más bien hay un lobby mediático de ciertos "alternativos" para levantar las virtudes de este señor). Sino porque, con tantos álbumes a cuestas, parecía imposible un disco con canciones que realmente no se parecieran a nada de lo anteriormente recorrido y que, a pesar de ello (o por ello), mostraran una brillantez y capacidad inventiva de primer orden. Y es que Memory Almost Full, si bien es irrelevante esperar que sea su mejor disco (principalmente si detrás están Ram y Band On The Run), creo que es el más sorprendente desde sus grandes discos clásicos, tanto o más que Chaos and Creation in the Backyard.




Aunque las comparaciones son siempre odiosas, es inevitable establecer las diferencias con su predecesor, sobre todo si aquel fue tan elogiado por un sector de la crítica. La primera constatación debe concentrarse tanto en los detalles de producción como en la complejidad de las composiciones. En el duelo (ficticio) entre Kahne y Godrich, lo primero que habría que romper es el mito de que este último es un productor súper exigente, una suerte de "productor ideal" para el "caprichoso" Macca, mientras que aquél, como al parecer todos los anteriores, son (o fueron) "complacientes" con las extravagancias del ex Beatle. La falacia de esta premisa se desmorona con la sola escucha atenta de las canciones que componen este último Memory Almost Full. Por ejemplo, como en Chaos and Creation in the Backyard, en este nuevo álbum también Macca toca todos los instrumentos en varias canciones; sin embargo, en Chaos and Creation in the Backyard la mínima instrumentación y la simplicidad del sonido deja al descubierto cuando se trata de un unipersonal, mientras que en Memory Almost Full la serie de arreglos, movimientos y armonías en un mismo tema revelan una complejidad en la producción que, si no figurara en los créditos que se trata de un solo instrumentista, podríamos pensar que ha recibido el apoyo de la banda. Basta escuchar See your sunshine, Mr. Bellamy o Gratitude para comprobar lo aquí dicho. En estas canciones Macca toca absolutamente todos los instrumentos, pero consigue un sonido finamente sincronizado con una serie de guiños armónicos propios del art-pop más elaborado. Son tres piezas perfectamente ensambladas, donde nada ha sido dejado a la improvisación o al azar, y cada una de ellas es una clase maestra de la composición pop. Si See your sunshine se podría predecir en algunos cortes del Off the Ground Complete Works o en algunos bonus track de Flowers in the Dirt, en cambio Mr. Bellamy y Gratitude no tienen antecedentes en el cancionero completo del ex Beatle. En cambio, en Chaos and Creation in the Backyard sólo veo una sola canción donde se luce como compositor y es Promise to you Girl (fíjense en las armonías, la estructura circular de la canción, los cambios de compás, etc.); en cambio, en Memory Almost Full casi la mitad del disco tiene una estructura compleja (Only Mama Knows, Mr. Bellamy, Gratitude, Feet in the Clouds y House of Wax). Y si se trata de grandes baladas, a las de Chaos and Creation in the Backyard contrapondría You Tell Me y The End of the End, que no les van a la zaga. Si se trata de buen pop rock, aparte de Promise to you Girl, el Chaos and Creation in the Backyard sólo tiene Fine Line, mientras que aquí están Vintage Clothes, That was Me (un temazo, realmente), Ever Present Past, Only Mama Knows... Incluso acá hay más distorsión, más caos, más furia y vitalismo que el llamado "chaos & creation" que de caos tiene muy poco, es más una colección de buenas baladas y canciones de "medio tiempo". Y por si fuera poco, el Memory Almost Full se acerca al paradigma Beatle tanto o más que el Chaos and Creation in the Backyard y además al paradigma Wings y al de Paul solista. Así que sinceramente creo que, como muchos sabíamos, se confirma que Nigel Godrich lo único que logró fue pasar la música de McCartney por un tamiz "serio" para que la crítica lo elogiara, hizo un buen disco, pero hasta allí no más, porque dudo que Chaos and Creation in the Backyard sea mejor que los discos anteriores de Macca, a mí particularmente no me parece mejor que el Flaming Pie o el Off the Ground (ni menos que el Run Devil Run) para poner algunos ejemplos.




El álbum abre con Dance tonight, un contagioso country minimalista con un rasgueo incesante de mandolina. Es la típica canción de estructura sencilla del largo catálogo de Macca. Habría que decir en primer lugar que cuando alguien como McCartney compone una tonada como Dance tonight no lo hace por falta de rigor ni descuido, sino porque es parte de su modo operandi como compositor, es más, es parte de su concepción del pop, su "ideal platónico" del easy listening como señala un avisado crítico de la revista Rolling Stone (lo que en literatura se llama la "poética" del escritor; ideal que por otra parte comparte en lo esencial Nik Cohn en su famoso libro Awopbopaloobop Alopbamboom). Una de las características de los Beatles desde sus inicios era la rapidez en que componían sus canciones y que eran fáciles de escuchar. McCartney siempre ha sido un defensor de esta manera de trabajar, y como solista, aún más. Incluso está la famosa anécdota contada por Dustin Hoffman, quien dudaba de la "fama" de Macca de componer canciones con sorprendente rapidez y en una ocasión le pidió que improvisara una tonada a propósito de la muerte de Picasso, y ya se sabe que al instante McCartney rasgueó su guitarra y compuso lo que sería Picasso's last words. Por si fuera poco, el propio McCartney ha declarado que Dance tonight la compuso en un dos por tres, como jugando, mientras tocaba la mandolina que había acabado de comprar. Es cierto que Dance tonight no es una gran canción ni la cumbre en originalidad, y de hecho la primera impresión al escucharla es su declarada simplicidad (aunque contagiante y hasta enternecedora para este humilde blogger), pero vale sólo como una introducción de un disco que sorprende canción tras canción, por su diversidad de estilos, y porque al fin, después de mucho tiempo, nos regala canciones que no son del tipo "Blackbird II" o "el nuevo For no One" (como en el tan celebrado Chaos and creation in the backyard); es decir que se salen del estereotipo, lo cual se agradece.
Pero si bien parte del repertorio de McCartney son composiciones de estructura sencilla y escritas con rapidez, también ha hecho gala de canciones más elaboradas pero siempre dentro de un estándar pop. Memory Almost Full es prueba de ello. Desde el power-pop Only Mama Knows (con una acertada introducción en clave de violines); la acústica y melancólica You tell me (con una variación de acordes que recuerda mucho el estilo Neil Young); Mr. Bellamy (composición a modo de contrapunto, con ecos del sonido 10cc de su periodo clásico, con unos arreglos corales y art-pop nada "simples", y que hasta donde sé sólo tiene un lejano parangón en su magistral Uncle Albert/Admiral Halsey); Gratitude (una oda gospel con toques de soul, con una voz que se automodula entre lo restallante y lo armónico, un temazo que supera al que para mí era su mejor intento en esa dirección como solista, me refiero a Call me back again del álbum Venus and Mars); Vintage Clothes (un pop-rock con armonías vocales a los Beach Boys y con interesantes variaciones rítmicas en el coro), That was Me (un rítmico rockabilly apoyado por un compás de piano a lo Jerry Lee Lewis y que tiene un final frenético con una destemplada voz muy rocker y que se saluda desde estas trincheras), House of wax (una balada oscura, intensa, dramática, otro de los súper temas de este disco, un clásico que también supera en siniestrismo a Dear friend del Wild Life, y cuya guitarra solista me recuerda mucho al sonido alcanzado por David Gilmour en el periodo The Wall, y eso es mucho decir). Por otra parte, hay quienes han apuntado sobre Nod your head similitudes con el estilo de White Stripes, pero a mí me parece más afín a los temás abrasivos de por ejemplo Pixies (creo que si lo cantara Black Francis todos los alternativos estarían proclamando lo buena y rompedora que es). Y de The end of the end ya no es preciso agregar más, es una belleza a la altura de sus mejores baladas a piano.
Memory almost full es un álbum absolutamente iluminado, fresco, que renueva una vez más la fe en uno de los compositores más geniales de pop-rock de todos los tiempos.
CATEGORÍA: Pop rock.
VEREDICTO: Imprescindible.
CANCIONES CLAVE: Only Mama Knows, Mr. Bellamy, Gratitude, House of Wax, The End of the End.









15 noviembre 2005

ELEPHANT (The White Stripes, Hipomusic, 2003)



The White Stripes es una de las sorpresas del nuevo siglo. Una banda de sólo dos componentes, autosuficientes en su proyecto musical minimalista y de vanguardia. Porque lo que ellos realizan es buen ruido, música de alto voltaje, con la sensibilidad tatuada en la piel y marcada en los trastes de la guitarra. Ella se llama Meg White, él firma Jack White, pero en su caso es la opción personal de camuflarse en un seudónimo para jugar con el supuesto parentesco sanguíneo de los involucrados (hermanos incestuosos, quizá), aunque en verdad se trata de un dúo de ex esposos con afinidades musicales y un talento que nos deja literalmente extáticos –de éxtasis–, aún más cuando comprobamos por cable que en sus conciertos en vivo no pierden ni un ápice la contundencia de sus discos.
Elephant marca un punto de inflexión en la evolución de la banda, ya anunciado en White Blood Cells (2001) y confirmado posteriormente en Get Behind Me Satan (2005). Arranca con un hard-rock renovado, Seven Nation Army, algo pausado y con los típicos cambios de ritmo de este género. El contenido de la letra, como no podía ser de otra manera, es antibélico: "Me voy a Wichita/ lejos de esta ópera de nunca acabar./ Voy a segar la siembra/ sudar cada poro./ Y estoy sangrando justo delante del Lord/ y las palabras sangrarán por mí/ y no pensaré más./ Y las esquirlas saliendo de mi sangre/ me dicen: Vuelve a casa".
Empalma el rocanrol Black Math, mucho más agresivo y energético, muestra del carácter revulsivo del pop. "¿No crees que reaccionaré ahora?/ Mis dedos definitivamente están tornándose negros ahora/ Quizá debería poner mi amor en hielo/ Y enseñarme a mí mismo, quizá eso estaría bueno/ Mis libros están arriba del estante ahora/ Las extensas palabras realmente están rompiendo mis espaldas/ Debería aprender a entender/ dibujando un cuadrado con el lápiz en mano/ matemáticamente volteando la página/ inequívocamente demostrando mi edad/ Soy prácticamente el escenario central/ Innegablemente ganando tu salario/ Quizá debería poner mi amor en hielo/ Y enseñarme a mí mismo, quizá eso estaría bueno/ Escuche maestro, ¿podría hacerle una pregunta?/ ¿son los dedos o el cerebro, a los que está enseñando la lección?".
There's no home for you here, el tercer surco, ya linda con la genialidad: unos coros obsesivos, un intermedio disonante, una melodía entonada a la manera de Queen, aunque más desfachatada aún, con más feeling glam y rockero. Si había alguna duda de que Jack White (su verdadero nombre es John Anthony Gillis) es un tipo avezado, sin miramientos a la hora tanto de componer como de escribir, la letra de esta canción da testimonio de su capacidad para la prosa ácida: "No hay hogar para ti aquí, nena/ Me gustaría pensar que esta constante interacción/ sólo es la forma de hacer que te vayas./ Cada simple gesto hecho por mí es contrarrestado/ Y me deja quieto sin nada más que decir/ Completamente desconcertado por una señal retardada/ de que una palabra inspirada pueda salir de tu lengua (...)/ Sólo estoy esperando el momento apropiado para decirte/ que es imposible estar contigo./ Es difícil mirarte a la cara cuando hablas/ así que ayuda tener un espejo en la habitación./ No estoy realmente buscando una 'performance'/ Pero es mi ingreso al escenario y hay una pregunta en tu rostro./ Afortunadamente ya tengo una respuesta/ la cual es 'vete y no dejes ningún rastro'// Levantándote para el desayuno/ Quemando fósforos/ Hablando bajo/ Rompiendo burbujas/ Arrojando basura/ Tomando soda/ Viéndote feliz/ tan completamente estúpida/ Sólo vete/ No hay hogar para ti aquí, nena, vete". El horror de la convivencia retratado por un sobreviviente de las lides conyugales o simple misoginia; en todo caso, un hartero puñetazo a las tradicionales canciones de amor.Le sigue un soberbio cover de una composición de Burt Bacharach, I just don't know what to do with myself –aquí el tema es la soledad tras la ruptura– y, tras él, el bluesy cantado por la edulcorada voz de Meg, In the cold, cold night –en este caso, una mujer espera al amante recogida en la fría noche–; ambos anuncian unos cuantos temas relajantes para mesurar el alto voltaje postrero.
Las referencias country-rock de Mr. Jack se ponen de manifiesto con holgura en I want to be the boy to warm your mother's heart y el acústico You've got her in your pocket, inteligentes réplicas del estilo Neil Young, que continúa con los electrizantes riffs de Ball and biscuit, reciclando con ingenio el sonido de los Crazy Horse en álbumes como Zuma, Rust Never Sleeps o Year of the Horse. "Es muy posible que sea tu tercer hombre, nena/ Pero es un hecho que soy el séptimo hijo./ Fueron los otros dos los que me hicieron tu tercero/ Pero fue mi madre la que me hizo el séptimo hijo", canta en Ball and biscuit. Absoluta distorsión, ruido supremo, en esta canción donde el feedback es empleado con un sentido musical exquisito.
Retorna a un sonido más noventa en The hardest button to button. La letra puede entenderse como el relato autobiográfico de la propia historia familiar de Jack: "Comenzamos viviendo en una casa vieja./ Mi madre dio a luz y estábamos chequeando/ Fue un bebé varón/ Así que le compramos un juguete/ Fue una pistola de rayos/ Y era 1981/ Lo llamamos "Bebé"/ Tuvo dolor de muelas/ Comenzó a llorar/ Sonó como un terremoto/ No duró mucho/ porque lo detuvimos/ Agarré una muñeca de trapo/ Y clavé algunos pequeños alfileres en ella./ Ahora somos una familia/ Y estamos bien ahora/ Tenemos algo de dinero y un pequeño lugar/ Para pelear ahora./ No te conocemos/ y no te debemos/ Pero si nos ves por ahí/ tengo algo más que mostrarte./ Bien, es mejor cuando realmente no lo sabes bien/ ¿Te parece que es vulgar?/ Entonces ponlo en una pequeña carta, lo mantendremos cálido./ Pero hay algo realmente mal contigo/ Sólo piensa que tú eres el botón más duro de presionar". Tras una breve introducción a piano y con la voz de Mort Crim, resuena Little acorns con unas guitarras gimientes que emulan a Nirvana, mientras la voz fluctúa entre el tono de Buddy Holly y el de Billy Corgan, el líder de Smashing Pumpkins, aunque el resultado es más convincente. El punkcore tiene cabida en el tema Hypnotize, el hardpop con The air near my fingers y el rocanrol restallante en Girl, you have no faith in medicine.
El álbum, que repasa con sabiduría los estilos del rock más emblemático, no podía concluir sino con un country en donde Jack y Meg, junto con Holly Gollightly (proveniente de la banda garajera Thee Headcoatees), contrapuntean sobre sus afectos recíprocos, y el título no podía ser más propicio: Well it's true that we love one another. "–Bien, es verdad que nos amamos uno al otro/ –Amo a Jack White como un pequeño hermano/ –Bien, Holly, te amo también/ pero hay mucho que no sé sobre ti/ –Jack me dio algo de dinero para pagar mis deudas/ –Todo lo que te di, Holly/ lo has estado usando en píldoras para el dolor/ –Jack, ¿me llamarás si puedes?/ –Tengo tu número detrás de mi biblia". Un poco de cálido sarcasmo para finalizar amablemente un disco que no es precisamente complaciente al abordar ningún tópico.
Atrevimiento, talento, múltiples referencias, y sobre todo personalidad, para un álbum y una banda con regusto a clásico. Después de escuchar Elephant es difícil no engancharse con él durante varios días, a pesar de las evidentes imposturas y puestas en escena de Jack y Meg (la ambivalencia sobre su parentesco o situación legal es una de ellas; otra no menos importante es que sus portadas y sus disfraces sólo combinan tres colores: rojo, blanco y negro). Y la razón de este encantamiento es tan simple como la explicación del carácter seminal de su música: vitalismo a raudales.
CATEGORÍA: Alternativo.
VEREDICTO: Imprescindible.
CANCIONES CLAVE: Seven Nation Army; Black Math; There's no home for you here; You've got her in your pocket; Ball and biscuit; The hardest button to button; Little acorns; Hypnotize; Girl, you have no faith in medicine.








20 octubre 2005

A BIGGER BANG (The Rolling Stones, EMI, 2005)


Otro tiranosaurio resucita este año. Al igual que el ex Beatle, los Rolling Stones lanzan su disco bajo la égida de la EMI. Expectativas, buenas críticas y toda la capacidad hiperbólica de revistas afines a los viejos saurios para probarnos que se trata de un gran regreso. Y de alguno modo lo es. No porque sea un gran disco –porque no nos vamos a engañar: está lejos de serlo–, pero es reconfortante que podamos escuchar a estas alturas, cuando los Stones bordean la senectud definitiva, un puñado de joyas musicales en su último trabajo. Posiblemente el factor cronológico influyó en la decisión de ceder al recurso de la cantidad sin sopesar adecuadamente el nivel de calidad –después de todo, son ocho años desde Bridge to Babylon (1997)– y de allí las dieciséis canciones como justificación de que la larga espera no ha sido en vano.
Cuando escuché el primer track del álbum, Rough Justice, la impresión fue como si los Rolling Stones hubiesen irrumpido con la misma actitud gamberra de los años setenta, con ese sonido áspero aplicando la técnica de slide en las guitarras que tan bien sabe aprovechar Keith Richards, a lo Brown Sugar. Directo, rocanrolero, muy bueno. "Una vez fuiste mi nena pollita/ Ahora te has convertido en una zorra/ Y hace algún tiempo yo fui tu pequeño gallo/ ¿Ahora sólo soy uno de tus machos?", canta un misógino Mick Jagger en argot callejero. Empalma Let me down slow, que tiene como mayor virtud un estribillo pegajoso, y si bien el ritmo no decae, la canción no está a la altura de los mejores momentos de la banda. En It won't take long los Stones retoman la fuerza, y así como en Rough justice se repasa el tópico de las pulsiones eróticas insatisfechas, aquí se reincide en la temática del amor que no se puede olvidar, y tal es el derrotero letrístico de casi todas las canciones de este A bigger bang. Salvo algunas honrosas excepciones, pareciera que el vuelo narrativo-poético de Sir Mick Jagger y Richards ya llegó a su techo y expresa agotamiento creativo. De todas formas, It won't take long promete darle un nuevo impulso al disco, pero enseguida Rain fall down es un peldaño abajo notorio, un tema funk muy rítmico aunque demasiado ligero, más conectado a la orientación que lamentablemente ha tenido su música desde los ochenta hasta esta parte del siglo. La balada Streets of Love tampoco destella: conserva lejanamente la tristeza de Angie, pero la producción no sobrepasa la llamada "radiofórmula"; de todos modos es una aceptable canción, sin descollar.
Back of my hand es ya otro lote, un blues acompañado con la armónica, de gran feeling, y la letra se refiere a un predicador que visiona imágenes apocalípticas: "Escucho al predicador en la esquina/ Estrepitoso como un loco/ Él dice que hay un problema:/ Los problemas están viniendo/ Puedo leerlo como si estuviese escrito en la palma de mi mano.../ Veo sueños, veo visiones/ Imágenes que no entiendo/ Veo las paranoias de Goya/ Puedo leerlo como si estuviese escrito en la palma de mi mano".
She saw me coming encajaría sin problemas en Tatoo You; a quienes les guste ese disco les encantará y no dejarán de saltar con esta canción. Personalmente me merece más aprecio que la archipublicitada Start me up, por lo menos no cae como ésta en cierta chabacanería. Prosigue Biggest mistake, un pop sin demasiadas pretensiones: suena bien, es agradable, pero no es nada especial y puede llegar a aburrir después de varias escuchas; esto es más que transparente cuando escuchamos a Richards cantar This place is empty, una pieza semiacústica con piano realmente exquisita. Inmediatamente rocanrolean en Oh no, not you again y Dangerous beauty, con riffs de cierta dureza y los conocidos estribillos rollingstoneanos a la usanza setentera, que son como un pasaje de vuelta a las cavernas. Suenan sinceros aunque repiten la receta con descaro.
Laugh, I nearly died es otra de las cumbres de este A bigger bang. Aquí arriesgan más sin que ello signifique, por supuesto, variar su estilo ni menos reinventar su sonido. Es un rythm & blues con una excelente performance vocal de Mick Jagger y un mayor trabajo en las armonías vocales, que reflejan muy bien el desánimo existencialista de la letra: "Estuve viajando pero no sé adónde/ Te estuve perdiendo pero a ti no te preocupó/ Y estuve deambulando, he visto Grecia y Roma/ Perdido en el desierto, tan lejos de casa// Estuve en África, cuidando mi alma/ Y me siento como un actor buscando un rol/ He estado en Arabia, he visto millones de estrellas/ Sorbiendo champán en los bulevares// Estoy tan enfermo y cansado/ Tratando de pasar la marea/ Así que me diré adiós/ Sonríe Sonríe/ Estoy próximo a morir".
Otro tema excelente y de sorprendente contenido político es Sweet Neo Con, una diatriba a Mr. George W. Bush, que tiene un remoto parentesco en la estructura y los estribillos con la ácida How do you sleep? de John Lennon. Sólo fijémonos en la letra: "Te llamas a ti mismo un cristiano/Pienso que eres un hipócrita/ Dices que eres un patriota/ Pienso que eres un pedazo de mierda// Y ahora escucha: la gasolina/ la tomo todos los días/ Pero está alcanzando un precio demasiado elevado/ ¿y quién va a pagarlo?// ¿Cómo puedes estar tan equivocado/ Mi dulce Neotimador?".
Look what the cat dragged in es otro funk que nadie extrañaría, puede divertir pero no más, y en este punto habría que considerar que los Rolling Stones precisamente no han despuntado en este género. No habría necesidad de compararlos con George Clinton y sus Parliament o Funkadelic; pensemos simplemente en INXS y veremos que ninguno de los dos cortes funky incluidos en este álbum dan la talla en relación con la música de la banda australiana. Lo acompaña en su intrascendencia Driving fast, canción pop inconsistente. El final sí se lleva las palmas: Infamy, la segunda colaboración en la voz de Keith, con seductores riffs y armónica, evoluciona en un extenso e hipnótico estribillo. Entre lo mejor del disco.
A bigger bang, título pretencioso para un álbum que está muy a la zaga de sus grandes discos de los años setenta. Apenas chispazos, una remota luminosidad de una entidad musical que, al parecer, dejó lo mejor de su potencial creativo anquilosado hace muchos años en ese pasado de leyenda que aún los acompaña como una sombra inquieta. Dieciséis canciones, casi un disco doble que se opaca si se lo compara con su Exile on main street de 1972, pero como suele suceder en estos casos, bastan dos o tres canciones para dejar en claro quiénes fueron y para no defraudar a su público. De todos modos, nos deja la sensación de que si se hubiera realizado una criba más exigente y, por ejemplo, seleccionado las diez mejores canciones, los Rolling Stones habrían conseguido –¡al fin!– un disco lo suficientemente compacto para convertirlos hoy en más que en una "leyenda viva".
CATEGORÍA: Clásico.
VEREDICTO: Más que aceptable, recomendable.
CANCIONES CLAVE: Rough Justice; Back of my hand; Laugh, I nearly died; My sweet neo con; Infamy; This place is empty; It won't take long.










05 octubre 2005

CHAOS AND CREATION IN THE BACKYARD (Paul McCartney, EMI, 2005)



Cuando se trata de Paul McCartney, los estereotipos están a la orden del día. Pese a su innegable importancia dentro de la historia de la música pop y rock, los gacetilleros y quienes fungen de críticos en los medios han sentenciado que la carrera en solitario del popular Macca no alcanza el nivel de su época auroral Beatle. Las recientes notas de prensa que notician sobre las elogiosas críticas que ha recibido su último álbum Chaos and creation in the backyard (2005), editado hace dos semanas, así lo atestiguan. Se dice, por ejemplo, que sería el mejor álbum desde que se separó de los Beatles, lo cual sólo puede producir una condescendiente sonrisa en quien haya escuchado en verdad todos sus álbumes en solitario.

Aclarémoslo de entrada: el flamante Chaos and creation in the backyard es un hermoso álbum, de hecho uno de los más dignos de su carrera como ex Beatle, pero está lejos de ser el más logrado o el mejor. Para empezar, establecer un ranking es siempre relativo en cualquier compositor cuyo catálogo solista supera los veinte álbumes (su discografía oficial se compone en realidad del doble de esa cifra, si consideramos no sólo recopilatorios o discos en directo, sino sus incursiones en otros géneros, como música clásica, soundtracks, música electrónica y experimental). Además de ello, la propia crítica ya ha consagrado al álbum Band on the run (1973) en las listas canónicas de los cien o quinientos mejores álbumes del rock, y celebró la aparición de Tug of War (1982) y Flaming Pie (1997) en sus respectivos años. Asimismo, álbumes como McCartney (1970), su primer esfuerzo solista, y Ram (1971), a la sazón lapidados, son reivindicados actualmente entre amplios sectores de la crítica. Pero la totalidad de su obra solista no es para nada desdeñable, con Wings destacan –aparte de Band on the run Venus and Mars (1975), London town (1978) y Back to the egg (1979), y postWings también son relevantes Flowers in the dirt (1987), Off the ground (1993), Run devil run (1999) y Driving rain (2001).

Finalmente es un error frecuente hacer analogías con su etapa Beatle para establecer un supuesto paradigma de calidad a partir del cual se juzga sus canciones en solitario. Y es un error por lo siguiente: la producción de los Beatles no fue impoluta, inmaculada, repleta de joyas incuestionables. Tanto Lennon como McCartney produjeron mucho material cuyo mayor encanto era ser un simple pop melancólico y a veces juguetón. Se dice que el mejor tema de McCartney es Yesterday, pero cualquiera que haya escuchado su inmenso catálogo de canciones sabe que tanto con Los Beatles como solista ha escrito mejores. Lo que sucede es que es difícil superar lo que ya es un mito, lo que ya pertenece al imaginario colectivo, lo que ha sido sacralizado como parte de la cultura popular universal. Dicho esto, tan injusto como minimizar su etapa solista es poner en un pedestal a la última obra de Macca. A quienes recién se animen a escuchar un disco de McCartney y les guste, sería bueno que rebusquen en el resto de su discografía, de seguro encontrarán álbumes tan interesantes y logrados como este último.


Hecho este necesario preámbulo, centrémonos en Chaos and creation in the backyard. Contiene muchas canciones de medio tiempo (baladas, en su mayoría) y un par de gemas pop que exhalan un hálito de alegría beat y sirven como necesario contrapunto a un disco que, de haber prescindido de este impromptus de cierta algarabía, se hundiría irremediablemente en la melancolía, en atmósferas oscuras y en una parquedad de estilo que, más que conmovernos, nos hubiera deprimido. Sin embargo, menos mal que Nigel Godrich (productor de Radiohead y Beck y el artífice en la producción de este trabajo de Paul) preservó cierto optimismo de McCartney y no lo forzó a redituar una mala copia de esas bandas actuales que encuentran en la depresión un leitmotiv para componer, aunque en este caso también hay que anotar la acertada decisión de Godrich de presentar la faceta de multiinstrumentista de McCartney.

Precisamente el lado más optimista de Paul se encarga de abrir el CD con Fine Line, un típico tema con atractivas armonías y una línea de piano contagiante de rememoranza Beatle, que se destapa en el último minuto con un coro obsesivo que va in crescendo y que, en la versión en directo que hemos podido escuchar de su actual gira por Estados Unidos, cobra gran fuerza al añadírsele unas guitarras que endurecen el sonido y le dan un efecto más rockero.

Pero quien escuche este primer corte y espere una seguidilla de pop arremetedor y fresco, se sorprenderá con el segundo tema How kind of you, donde la atmósfera se carga y el ritmo se hace más pausado, para escuchar otra modulación vocal de Paul, más tenue, donde canta con tristeza la recuperación de una fe que creía perdida, "pensé que mi tiempo había terminado/ pensé que mi fe se había ido/ pensé que no habría alguien que estuviera allí por mí". Aquí Paul y Nigel introducen sugestivos loops de piano y guitarra acústica.

Sobre el tercer surco, Jenny Wren, no caeremos en el facilismo de repetir acríticamente la analogía sugerida por McCartney, es decir que se trataría de la 'hermana gemela' de Blackbird. Es cierto que el propio compositor ha revelado que los acordes iniciales eran los del clásico tema Beatle y que un error al momento de la ejecución introdujo un elemento sonoro que lo llevó en otra dirección, y de allí surgió Jenny Wren. No lo ponemos en duda; es más, este tipo de "errores" son frecuentes en la creación de muchas melodías, tan usual como prestarse acordes ajenos o propios para, sobre esa base, crear algo totalmente diferente. Pero la tristeza que transmite la canción podría recordar, en todo caso, a otro tema acústico del Álbum Blanco –me refiero a Mother nature's son– o encajar sin ningún problema en Wild Life de Wings –podría ser un excelente complemento de Some people never know o lo que hubiera podido resultar el álbum si se hubiese incluido en la baraja al bonus track Mama's little girl–. En cambio, Blackbird no es una canción especialmente triste, no tanto al menos como las otras mencionadas.

Sin embargo, ¿cuál es la intención de publicitar una canción como 'hermana gemela' de un clásico del rock del mismo autor? ¿Sólo un ardid marketero, la presunción de que remover la nostalgia de los fans puede dar muchos bonos? Hay algo de eso, sí, pero me temo que la canción –que en sí misma es brillante, conmovedora– replantea, como en el caso de muchas otras, el sentido mismo del carácter original o innovador del pop, y lo convierte en un continuo reciclaje... ¿fructífero, estéril?, sobre todo ahora que están de moda los samplers (un caso particularmente nefasto es el de Beck incorporando –semiplagiando– en Jack-Ass las notas del teclado del cover de Them It's all over now baby blue, tema original de Bob Dylan, en su elogiado disco Odelay, lo que en mi opinión está muy cerca del fraude) y los hits que son covers encubiertos (recuerdo cómo mucha gente joven creía que The man who sold the world era una prueba irrefutable de la genialidad de Kurt Cobain, porque se les escapaba el dato de que Bowie era el autor). A ver si me explico: si ya existe Blackbird, ¿cuál es el valor de componer una canción que se le parezca? Si la información quedara como mera anécdota no habría ninguna necesidad o excusa para una digresión, pero al parecer para la crítica oficial la semejanza entre canciones supone un valor añadido y no un handicap cuando lo que está en juego es la nostalgia.

Felizmente, Jenny Wren no es Blackbird, y es un error hacer una analogía con una canción Beatle como ella. McCartney no necesita componer canciones que sean 'hermanas gemelas' de otras suyas del pasado... la música pop, menos. Pero sí está en el derecho de redituar su capacidad para hacer piezas acústicas de colección como es el caso de Blackbird, Mother Nature's son, Some People Never Know, Calico Skies y felizmente Jenny Wren. Y de esta última debo decir que es una de las cimas emotivas del álbum, quizá porque el empleo de un instrumento armenio como el duduk, ejecutado por el músico venezolano Pedro Estauche, toca una fibra sensible o tal vez porque la voz se dulcifica y la letra nos invita a conocer la historia de una mujer que no puede cantar agobiada por los problemas del mundo, por lo que es difícil no experimentar una profunda emotividad a menos que se tenga un objeto rocoso en el lugar del corazón.

At the Mercy es una breve pero súper canción, íntegra, oscura, una pequeña obra maestra, cada variación en el compás sugiere una lección de música. Para escucharla correctamente, hay que aguzar la sensibilidad al máximo, pues, como el arte más elaborado, puede dejar frío al oyente desprevenido. Y luego la pregunta ingenua: ¿cómo lo hace? ¿No es Paul el compositor de hits, el autor de "silly love songs", el "fresa" de los Beatles? Una entrada atípica, como una muletilla que podría parecer forzada (At the mercy/ At the Mercy/ At the Mercy...), para luego construir una melodía de las que sabemos que es capaz de trabajar en un piano, una balada que al comienzo puede sonar insípida, con un lejano sabor lennoniano, pero que cobra fuerza en un tour de force a la mitad de la canción cuando escuchamos unas líneas de piano y guitarra al unísono que nos preparan para la última parte, cargada con unas electrizantes guitarras rítmicas. Simplemente genial.

Friends to go denota frescura. Este es el primer tema del disco donde Paul realmente toca todos los instrumentos, sin ningún apoyo –en Fine Line y At the Mercy colabora en las cuerdas el Millenia Ensemble, como también en los siguientes English Tea, Follow Me, This Never Happened Before y Anyway–; una composición pegadiza que nos deja tarareándola todo el día, cualidad que no ha perdido don Macca a pesar de tantos años encima y que nos deja literalmente boquiabiertos, tanto como la perfección con que acomete la ejecución de cada instrumento. English Tea es otra prueba de que el pop rock es una música autorreferencial; en este caso se inscribe dentro de las piezas de vodevil con aroma inglés de las que Paul tiene tantas otras –For no one es quizá la más sobria, y en ese sentido es fácil una asociación directa, pero por qué no When I'm sixty four o Honey pie, o alguna de Wings como You gave me the answer–; en síntesis, sugerente y conmovedora dentro de su obvia ironía. Too much rain se estructura sobre la base de los compases de piano, la melodía es poderosa y la letra es como un puñal atravesado en la garganta ("Ríe cuando tus ojos están quemando/ Sonríe mientras tu corazón está lleno de pena/ Suspira como si te cepillarás el dolor/ Haz un voto/ para que no vuelva a sucederte de nuevo/ No está bien en una vida/ Demasiada lluvia").

Continúa A Certain Softness, que está en clave de bolero y donde Paul canta en falsete, dos características que espantarán a algunos rockers y se convertirán en razones para las pullas de los hardcorianos, aunque melódicamente es intachable, los arreglos y el trabajo en las armonías son de una exquisitez que para sí quisieran bandas dizque alternativas que coquetean con el repertorio musical latinoamericano. Como anécdota, habría que señalar que Paul McCartney visitó Cuba hace algunos años y estuvo en contacto con algunos músicos de la isla para acopiar material con el fin de tener nuevos elementos para inspirarse; se esperaba que en Driving Rain hubiera algún aporte en ese sentido, pero hemos debido aguardar hasta Chaos and creation in the backyard para que se develara el fruto de aquella experiencia.


Riding to Vanity Fair es otra de las cúspides emotivas del álbum. La letra puede ser tanto una respuesta ácida a los ataques de cierta prensa londinense contra su esposa Heather Mills, como un ajuste de cuentas con Yoko Ono e incluso con el fantasma de John Lennon por el asunto de su canonización póstuma: "Mordí mi lengua/ Nunca hablé demasiado/ Traté de ser tan fuerte/ Di lo mejor de mí/ Usé mis gentiles maneras/ Lo hice por mucho tiempo/ Tú me trajiste abajo/ Pero yo no puedo responder con una sonrisa/ Y actuar como si nada estuviera mal/ Qué pretendes!/ Pienso que ya escuché suficiente/ De tu canción tan familiar". La música es muy cadenciosa y minimalista en su parte rítmica, pero adquiere complejidad en los arreglos orquestales que la rodean de una atmósfera borrascosa. En lo personal, me recuerda mucho el tratamiento de producción del Solitude Standing, de Suzanne Vega, y antes de que alguien dibuje en su rostro un gesto de desagrado movido por el prejuicio, me apresuro en aclarar que no sólo es uno de mis discos favoritos, sino que la Vega es una talentosa escritora y música que ha colaborado nada menos que con Philip Glass. Obviando los símiles, Riding to Vanity Fair demuestra no sólo la solvencia de Paul como compositor, sino su capacidad para explorar otras vías dentro de la música pop.

Follow Me mantiene incólume el espíritu Beatle y hará renacer la añoranza por el Paul de los años sesenta. Algunos críticos han sugerido que English Tea podría haber sido incluido sin problema en Revolver; bueno, Follow Me también hubiera calzado a la perfección. Es un tema básicamente acústico, con acompañamiento de cuerdas, que si hubiese sido lanzado como single en los años ochenta se hubiera convertido en un hit. Los versos intermedios están invadidos del lirismo de una Virginia Woolf y su círculo de Bloomsbury: "Debajo de los surcos de la soledad/ Debajo de los senderos del amor/ A través de la frondosidad de los corazones contrariados hacia el final/ En las orillas del lamento/ Donde las olas de la esperanza rompen sus aguas/ Es para mí el lugar perfecto para encontrar a un amigo". Pura poesía para una melodía esplendorosa.

Para hacer justicia a las tres últimas canciones del álbum necesitaría escribir tres párrafos más. Son tremendos himnos pop de poco más de tres minutos cada uno. En Promise to you Girl –otra súper canción y una de mis "favoritas entre favoritas" de este Chaos & Creation asoma nuevamente el maestro, el gran artífice, el artesano-artista: piano a lo Lady Madonna, una voz potente y a la vez melancólica a la altura de sus mejores interpretaciones vocales, unos coros al estilo Queen, una melodía heredera de otro gran compositor como Ray Davies de The Kinks, ciertos ecos también de los Beach Boys en las armonías casi al final, un enérgico solo de guitarra (Epiphone Casino, para más señas), qué más se necesita para darse cuenta que es un temazo. La letra no nos emociona menos: "Mirando al patio trasero de mi vida/ Es tiempo de barrer las hojas caídas".

This never happened before es una de las típicas baladas de McCartney; corrijamos: tiene la factura de las típicas grandes baladas de McCartney, pero aquí Nigel Godrich da muestras de su enorme talento como productor al haber sido, de hecho, el propiciador de emplear el wall of sound philspectoriano en unos arreglos de violines que se desbordan al inicio y al final de la canción. Un tema para los fans que lo han seguido desde los Wings. Y el último track, Anyway, es al parecer un pequeño tributo a Curtis Mayfield y The Impressions, y por qué no, a toda esa veta soul de Motown, incluso alguno por allí ha sugerido cierto parecido en las primeras notas con el clásico People Get Ready de Mayfield. Es un parecido muy lejano, la verdad, tanto como podría haber entre Taxman del Beatle Harrison con Start de The Jam, y hasta donde yo sé, ningún ex Beatle demandó por eso a Paul Weller. Los propios Beatles construyeron algunos de sus temas más celebrados a partir de algunas joyas de la música universal, tal el caso del Because de Lennon cuyos teclados repetían al revés las notas del Claro de Luna de Beethoven. El carácter autorreferencial, el reciclaje, la repetición de acordes, el préstamo de notas, son comunes y admisibles en el mundo del pop siempre y cuando no sobrepasen ciertas normas, las cuales siempre Paul ha sido el más cuidadoso en respetar (es el único ex Beatle que nunca ha sido acusado de plagio), y en el caso de Anyway está claro que no sólo es otra gran canción de su cosecha sino uno de los mejores cierres para un álbum de su autoría. Treinta segundos después de concluida Anyway, se escuchan variaciones instrumentales a modo de bonus track sorpresa, lo que encandilará aún más, si cabe, a los oyentes de este sofisticado y melancólico álbum.

CATEGORÍA: Beatlemanía.

VEREDICTO: Notable.
CANCIONES CLAVE: Fine Line, How Kind of You, Jenny Wren, At the Mercy, Friends to go, Promise to you Girl, This Never Happened Before.